sábado, 8 de abril de 2017
La Entrada Anterior
Me parece sorprendente como desde el 2014 no publicaba, y hoy, 8 de Abril del 2017, publico algo que está relacionado con la entrada anterior.
Una Semana Después
Hoy estaba trabajando aquí en la Carpi, y en un momento, no recuerdo exactamente qué pensé, pero fue algo acerca de Dios y de estar vivo. En ese momento empecé a llorar desatadamente. Me lancé al piso de rodillas y empecé a hablar con Dios.
Era el momento que necesitaba desde hacía una semana. Creo que no lo había tenido porque no había estado en completa soledad en este tiempo. Siempre había alguien en la casa, y de cualquier forma, si lloraba lo notarían.
Lloré, lloré y lloré. Lo saqué todo, como me hacía falta. Y le hablé a Dios, como necesitaba.
Es una sensación rara que ha prevalecido durante la semana. Es una pregunta en mi cabeza: ¿Porqué me dejaste vivir? No en forma retadora, jamás lo sería. Es solo que no lo entiendo y me lo pregunto. En cierta forma me siento como que se me dio esta nueva vida de gratis. Realmente todo lo que pasó ese día fue por las consecuencias de mis actos. Considero que no necesariamente fue algo que cualquiera podría decir "¿Cómo hizo semejante barbaridad?", sino que por otro lado, fue un descuido, fue ignorancia, en parte, fue necedad y ganas de no dejar un reto sin tomarlo, por otra. Sin embargo, todo, absolutamente todo, fue consecuencia de mis actos. Y le pregunto a Dios, ¿Porqué me dejaste vivir? Es algo muy raro, y me lo pregunto en los momentos en que recuerdo con más claridad lo que pasó hace una semana.
Eso era lo que le decía a Dios cuando estaba postrado. Lo que sucede es que me siento como esos héroes de la película (no recuerdo si ya lo mencioné en otra entrada), que vencen a todos los del bando contrario, pelean y pelean y nadie les gana, y de repente aparece el que finalmente pelea tan bien como él y justo cuando está a punto de vencer al héroe, aparece la novia/amigo/etc. que le salva la vida, y el héroe de la película sale nuevamente victorioso, aunque no haya sido por su habilidad. Estas escenas siempre me han dejado un sabor agridulce, porque si bien al final el héroe salió vencedor, no lo hubiera logrado si justo en el momento indicado no hubiera aparecido su salvador. ¿Si no hubiera aparecido, qué? Ese es, en palabras no tan exactas, el sentimiento que tengo.
Siento por momentos como si estoy viviendo extra. Como si todo esto fue un regalo. Así es, de hecho así es. Le estoy tan agradecido a Dios que no hay palabras suficientes para decirlo. Jamás en esta vida podría agradecerle a Dios lo suficiente. En ese momento fuimos ÉL y yo. Y vencimos. No vencí yo, venció ÉL. El verdadero héroe es ÉL y siempre lo será.
En ese momento, postrado en el piso le dije a Dios: siento como que estoy viviendo de gratis. Y entonces me llegó la respuesta: siempre lo has hecho. Es cierto, ¿Qué me hacía pensar que de alguna forma me había ganado el derecho a vivir? La vida cuando nací me la regaló Dios. La vida hace una semana me la volvió a regalar Dios. Gratis la primera y gratis la segunda. Y ÉL me la regala todos los días. 365 regalos al año (a veces 366).
En ese momento le dije: ¿Me dejas hablar un rato y decirte lo que siento? Porque siento dentro que no lo he hablado con nadie. La realidad del asunto es que a nadie le gusta escuchar, o a casi nadie. No he visto a mi babe en toda la semana y no he tenido la oportunidad de contarle lo que siento, porque ella sí me escucha. Con mi familia no me siento tan cómodo hablando de temas existenciales porque quiero que se sientan seguros. No quisiera que sepan lo que he sentido estos días, aunque sí que se los manifesté en aquel cuarto del intensivo.
Hablando con Dios me di cuenta de algo. Lo que realmente importa en la vida es amar. Eso es lo que importa. Manifestado de diferentes formas, pero amar en todas esas formas. Amar a la familia, amar a mi babe, amar a las demás personas. Toda muestra de amor es lo que vale, y, como mencioné, se puede hacer de muchas formas. Sé que mi sueño de impactar millones es una forma de amor, de enseñarle a otros lo que es posible, de ayudarlos a lograr sus sueños con sus capacidades, sus habilidades, haciendo lo que fueron llamados a hacer, no estar todo el día en un lugar en el que no quieren estar; ¡Eso no es lo que Dios quiere para nosotros!
Entonces me di cuenta de algo más: tengo que tener un balance entre el impacto futuro y el impacto de hoy. Sobre todo me refiero en cuanto a tiempo y dinero. Debo trabajar hoy y retardar el placer momentáneo por todo lo que quiero lograr y para hacer algo inmensamente grande, pero al mismo tiempo debo tener tanto impacto como pueda tener con las personas que están a mi alrededor. Impacto, impacto, impacto; eso es lo que quiero. Cambiar vidas es lo que quiero, y eso le decía a Dios. Quiero cambiar la vida de las personas que están cercanas a mí en una gran manera. Quiero que sus vidas sean mejores de una forma rotunda. Quiero, además, cambiar la vida de millones de personas, y pensaba en algunos personajes como Gary Vaynerchuk. La cantidad de personas que él alcanza y las vidas que toca son enormes. Pensaba en el Pastor Cash. Igualmente, las personas a las que él le ha cambiado la vida son muchísimas. Entonces entendí eso: debo impactar hoy, y debo impactar en 90 años. Debo pensar en el impacto de mañana, preparar ese impacto, pero debo hacer hoy todo lo que deba hacer para mejorar la vida de las personas cercanas a mí. Debo darles el tiempo, hacer los esfuerzos y usar mis recursos para ellos. Y debo balancearlo con usar el tiempo, esfuerzos y recursos para la visión del impacto a millones en el futuro.
Esto se parece a lo que he pensado semana: Debo vivir hoy como si fuera a vivir 90 años, y debo vivir hoy como si fuera a vivir hasta hoy a las 5. ¿Porqué? Toda esta situación y esta semana me abrió los ojos (y es algo más de lo que hablaba con Dios). Ese sábado 1 de Abril me hubiera ido con remordimientos. Aunque siempre la familia es una prioridad y es de las pocas cosas que le dedico tiempo junto con mi babe, últimamente me he enfocado tanto en mi empresa, en mi impacto futuro, que no he dedicado suficiente tiempo a "ser bueno", a hacerle favores a los demás si ya tenía algo que hacer. En ese momento me sentía como que mi familia no sentía que yo era buen hijo o buen hermano. Había estado cambiando pues ya había tenido ciertas revelaciones al respecto, sobre todo en cuanto a dedicar más tiempo a otras personas, pues es también una forma de dar. Pero esta situación me cambió la perspectiva. Lo que más empecé a valorar después de eso era ir con mi papá y acostarme a su lado; valorar a mi babe por todo lo que ha hecho y ser el hombre más feliz del universo cada vez que escucho su voz; dedicarle más tiempo al negocio de la familia, Sleepet, porque no es un negocio nada más, es algo que a mi familia le importa, es parte de mi familia, es algo de lo que mis papás pueden vivir en un futuro y algo en lo que he sentido por mucho tiempo que no he estado trabajando como se esperaba de mí; en hablar más con Dios y ser una mejor persona; en hacer más favores; en que no me importe ir al super si tengo que hacerlo.
Dios es bueno. Es maravilloso. Realmente me lo sigo preguntando y creo que siempre me lo preguntaré, ¿Porqué me has dado más vida? Pero lo haré siempre con la mayor sonrisa en mi cara, haciendo que cada segundo de mi vida cuente. Haciendo de esta oportunidad algo mejor. Aprovechando esto para mí y para todos. Siendo agradecido, dando de gratis como a mí me fue dado.
Creo conveniente aclarar que antes del 1 de Abril vivía muy feliz y satisfecho. Soy una persona muy feliz, una de las personas más felices que conozco. Una de las personas más realizadas con lo que hacen. Soy feliz en mi negocio y lo he visto esta semana también. Amo trabajar; amo hacer negocios. Es solo que no todo en la vida se trata de eso. Debo amar, y amar de una forma impactante. Debo ser ese cambio diario en la vida de otros. Puedo hacerlo. Lo he sido en el pasado y puedo tener ambas. Construir el futuro, mientras impacto el presente. Ambas son igualmente importantes. Un día el futuro será el presente, y lo que estoy haciendo hoy impactará ese día, pero debo impactar este día también, debo hacer que mis esfuerzos del pasado cuenten hoy.
Al final miré por la ventana y vi la montaña que quiero subir. Vi la vida y cómo aún soy parte de ella. Aún estoy aquí. Solo se lo debo a Dios. Como mi papá me dijo hace unos momentos, "Dios nos da segundas oportunidades, nos da esas meditaciones" (algo así). Solo recuerdo el momento en el que íbamos hacia el hospital entre el tráfico y a toda velocidad y yo solo le pedía a Dios: Padre, déjame vivir, déjame llegar a tiempo. Me dejó vivir, llegamos a tiempo, y mientras Dios me siga dando vida voy a hacer que cuente.
¡GRACIAS DIOS!
martes, 18 de noviembre de 2014
Una segunda oportunidad
Hace poco estaba pensando lo siguiente, para motivarme y porque me pregunté qué haría si sucediera. Imaginé que moría e iba al Cielo, y cuando llegaba Dios me mostraba todo lo que pude haber hecho en esta vida, el potencial que había en mí y que pude haber llegado a alcanzar; lo que ÉL había puesto en mí, lo que yo era, mi esencia y la semilla que estaba dentro. Luego me pregunté qué haría yo en ese momento. Lo que haría es decirle: Padre, déjame regresar y volver a intentarlo, ahora que sé sí lo voy a hacer!
Esto me impactó mucho. Lo primero que veo es que esa segunda oportunidad no la tendría. Sólo vivimos una vez aquí en la tierra y otra por el resto de la eternidad. Seguro que allá será magnífico y mejor de lo que toda nuestra imaginación puede pensar en sus pensamientos más locos. Pero aquí solo tenemos una oportunidad. Una. No más. Lo que soy y llegue a ser, hacer o tener, sólo tengo un strike para serlo, hacerlo o tenerlo. Fuera de eso no hay más. Cuando el cronómetro termine no hay prórroga, ni hay partido de vuelta.
Esto lo pensaba principalmente porque creo y sé que Dios ha puesto música en mí. Lo llevo dentro. Me imaginaba que Dios me mostraba lo lejos que pude haber llegado y que hubiera sido un gran músico si hubiera hecho "algo", si tan solo lo hubiera intentado y no me hubiera quedado tocando sólo en mi cuarto. No quiero morir sabiendo que pude haberlo llegado a ser, que todo estaba listo y sólo era que lo intentara y diera lo mejor de mí. No quiero enterrar el talento que Dios me dio, quiero devolverle los cinco que me dio con otros cinco más. Eso es lo justo. Dios me dio y nos da a cada uno lo que ÉL quiso, no debemos dejar morir esa semilla sin dejar que crezca, que tenga vida, matarla sin que haya nacido. Es como cuando le damos un regalo a alguien y nunca lo usa. ¿Qué pensaríamos? Mejor se lo hubiéramos dado a otra persona que sí lo usara. Ojalá Dios no piense eso de mí.
Sólo tenemos una oportunidad. ¡Quiero ser la persona que Dios me diseñó para que fuera!
Esto me impactó mucho. Lo primero que veo es que esa segunda oportunidad no la tendría. Sólo vivimos una vez aquí en la tierra y otra por el resto de la eternidad. Seguro que allá será magnífico y mejor de lo que toda nuestra imaginación puede pensar en sus pensamientos más locos. Pero aquí solo tenemos una oportunidad. Una. No más. Lo que soy y llegue a ser, hacer o tener, sólo tengo un strike para serlo, hacerlo o tenerlo. Fuera de eso no hay más. Cuando el cronómetro termine no hay prórroga, ni hay partido de vuelta.
Esto lo pensaba principalmente porque creo y sé que Dios ha puesto música en mí. Lo llevo dentro. Me imaginaba que Dios me mostraba lo lejos que pude haber llegado y que hubiera sido un gran músico si hubiera hecho "algo", si tan solo lo hubiera intentado y no me hubiera quedado tocando sólo en mi cuarto. No quiero morir sabiendo que pude haberlo llegado a ser, que todo estaba listo y sólo era que lo intentara y diera lo mejor de mí. No quiero enterrar el talento que Dios me dio, quiero devolverle los cinco que me dio con otros cinco más. Eso es lo justo. Dios me dio y nos da a cada uno lo que ÉL quiso, no debemos dejar morir esa semilla sin dejar que crezca, que tenga vida, matarla sin que haya nacido. Es como cuando le damos un regalo a alguien y nunca lo usa. ¿Qué pensaríamos? Mejor se lo hubiéramos dado a otra persona que sí lo usara. Ojalá Dios no piense eso de mí.
Sólo tenemos una oportunidad. ¡Quiero ser la persona que Dios me diseñó para que fuera!
jueves, 14 de agosto de 2014
Déjame ir Contigo
Quiero compartir brevemente un versículo que acabo de leer y que llamó mi atención en un punto en específico. En el pasaje relacionado, Jesús echó fuera una legión de demonios de un hombre gadareno (de la región de Gad). La gente al ver lo que había pasado y que el hombre se encontraba bien, como nunca antes lo habían visto, se asustaron. En el versículo de Marcos 5:17 dice: Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con Él.
Lo que quiero resaltar en este versículo es la diferencia entre las personas que no tuvieron el encuentro personal con Jesús y quien si lo tuvo. Los demás no entendían que pasaba y le pidieron a Jesús que se fuera. Lo que Él hacía no era malo, al contrario; pero ellos al no entender, lo tomaban como algo indeseable y preferían echar a Jesús y seguir en su normalidad.
Por el otro lado, el ex-endemoniado tuvo un milagro sobrenatural de Dios en su vida. Él lo experimentó, lo vivió, los sucesos pasaron dentro de sí mismo. Por eso él sabía el poder que había actuado en ÉL y que era innegable que era la mano de Dios en su vida. Por eso la diferencia de su reacción, mientras todos querían que Jesús se fuera, él quería ir con Jesús.
Eso es lo que pasa con alguien cuya vida ha sido cambiada y dada vuelta por Dios mismo: lo que queremos es seguirlo. Sabemos que Él es la verdad y que sus milagros han sido hechos vida en nosotros. Por eso, sin importar que los demás piensen que es una locura, sabemos que el camino a seguir es Jesús.
Lo que quiero resaltar en este versículo es la diferencia entre las personas que no tuvieron el encuentro personal con Jesús y quien si lo tuvo. Los demás no entendían que pasaba y le pidieron a Jesús que se fuera. Lo que Él hacía no era malo, al contrario; pero ellos al no entender, lo tomaban como algo indeseable y preferían echar a Jesús y seguir en su normalidad.
Por el otro lado, el ex-endemoniado tuvo un milagro sobrenatural de Dios en su vida. Él lo experimentó, lo vivió, los sucesos pasaron dentro de sí mismo. Por eso él sabía el poder que había actuado en ÉL y que era innegable que era la mano de Dios en su vida. Por eso la diferencia de su reacción, mientras todos querían que Jesús se fuera, él quería ir con Jesús.
Eso es lo que pasa con alguien cuya vida ha sido cambiada y dada vuelta por Dios mismo: lo que queremos es seguirlo. Sabemos que Él es la verdad y que sus milagros han sido hechos vida en nosotros. Por eso, sin importar que los demás piensen que es una locura, sabemos que el camino a seguir es Jesús.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Caminando sobre las aguas... o no
Leyendo nuevamente el pasaje en el que Jesús camina sobre las aguas (que se encuentra en Mateo 14:22-32) vi algo de lo que no me había dado cuenta antes. Como pasa muchas veces cuando leemos la Biblia: podemos leer el mismo pasaje diez veces que vamos a encontrar algo nuevo siempre.
Resumidamente, en este relato Jesús se quedó despidiendo a la multitud después del milagro de los panes y los peces, y mientras tanto los discípulos se fueron en una barca hacia la otra ribera. Jesús caminó sobre el mar y cuando lo vieron se asustaron y pensaron que era un fantasma (como buenos cristianos). Luego de haberles dicho Jesús que era Él, Pedro le dijo "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas", y Él le respondió "ven".
Lo que quiero hacer notar aquí es que Pedro le pidió a Jesús que diera una orden, un mandato, que consistía en que él caminara sobre las aguas como Jesús lo hacía. Como podemos ver, Jesús no le dijo que no, sino que, tal como se lo pidió, Él dio la orden. Lo interesante en el pasaje es lo siguiente, que dice: "y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendindo la mano, asió de él y le dijo:¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?". Entonces observamos que Jesús había dado la orden, sin embargo esa orden, poniéndolo en palabras sencillas, no tuvo efecto debido a la falta de fe de Pedro.
Cuando Pedro vio el viento tuvo miedo. Ese miedo le dio más poder (dentro de Pedro) al viento y a la situación que a la orden que ya Jesús había dado. Puede ser que Dios ya nos haya otorgado algo, que ya haya dado la orden para que lo recibamos y caminemos sobre las aguas, pero simplemente invalidamos lo que ya estamos viendo, haciendo o recibiendo (o estamos por recibir) debido a la falta de fe y la duda que puede ser tan grande como hacer que una orden que Dios dio no se cumpla. Ese es el poder de la fe, y ese es el poder de la duda.
Resumidamente, en este relato Jesús se quedó despidiendo a la multitud después del milagro de los panes y los peces, y mientras tanto los discípulos se fueron en una barca hacia la otra ribera. Jesús caminó sobre el mar y cuando lo vieron se asustaron y pensaron que era un fantasma (como buenos cristianos). Luego de haberles dicho Jesús que era Él, Pedro le dijo "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas", y Él le respondió "ven".
Lo que quiero hacer notar aquí es que Pedro le pidió a Jesús que diera una orden, un mandato, que consistía en que él caminara sobre las aguas como Jesús lo hacía. Como podemos ver, Jesús no le dijo que no, sino que, tal como se lo pidió, Él dio la orden. Lo interesante en el pasaje es lo siguiente, que dice: "y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendindo la mano, asió de él y le dijo:¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?". Entonces observamos que Jesús había dado la orden, sin embargo esa orden, poniéndolo en palabras sencillas, no tuvo efecto debido a la falta de fe de Pedro.
Cuando Pedro vio el viento tuvo miedo. Ese miedo le dio más poder (dentro de Pedro) al viento y a la situación que a la orden que ya Jesús había dado. Puede ser que Dios ya nos haya otorgado algo, que ya haya dado la orden para que lo recibamos y caminemos sobre las aguas, pero simplemente invalidamos lo que ya estamos viendo, haciendo o recibiendo (o estamos por recibir) debido a la falta de fe y la duda que puede ser tan grande como hacer que una orden que Dios dio no se cumpla. Ese es el poder de la fe, y ese es el poder de la duda.
domingo, 30 de junio de 2013
Una lección de responsabilidad
Hoy comparto esta breve experiencia acerca de la responsabilidad. Fue algo de lo que aprendí por un pequeño error, pero que considero que si se aprende la lección se pueden evitar errores más grandes en el futuro.
Normalmente cuando me piden algo trato de hacerlo lo mejor posible, aun cuando no me guste (que es lo más probable). Hace unos fines de semana fui como servidor a un encuentro (parecido a los retiros) de mi iglesia. Todo fue excelente y fue una gran experiencia ver cómo la gente recibe de Dios y es transformada. Pero no es eso de lo que quiero hablar.
Como parte del servicio que damos siempre tratamos de llevarle el equipaje a su habitación a las personas que asisten al encuentro, de igual forma, cuando termina se las llevamos de regreso al bus, para que no se preocupen de eso y puedan sentirse bien atendidos.
Al final del encuentro cuando ya estábamos listos para irnos uno de los encargados me pidió que revisara si habían maletas en las habitaciones. Yo ya había revisado el cuarto del que me tocaba encargarme y habíamos llevado esas maletas al bus, por lo que no me preocupaba esa habitación. Revisé una de las otras y luego cuando iba a revisar las demás uno de mis compañeros me dijo que ya no habían más maletas en los demás dormitorios. Le pregunté si ya había revisado y me dijo que sí y que ya todos lo cuartos estaban vacíos. Por un momento pensé en ir ir revisar porque me habían dicho que (yo) revisara, pero al final no lo hice porque creí que era suficiente con que él lo hubiera hecho. Tengo que aclarar que normalmente trato de hacer las cosas como me las piden, pero esta vez no fui responsable con lo que me pidieron y es por eso que debo aprenderlo.
Regresamos a la Iglesia y luego del recibimiento a los encuentristas nos dimos cuenta que faltaban maletas. Cuando las bajamos del bus el conductor nos ayudó y nos dijo que ya no habían más, y sólo lo dimos por sentado sin revisar nosotros. Cuando nos dimos cuenta que faltaban tratamos de llamar al conductor del bus pero no contestaba. No teníamos idea de dónde estaban, podían estar en el bus o en el centro de retiros, o en algún lugar exótico. Me sentí culpable porque no revisamos el bus (que fue lo que pensé que había sucedido) y porque no revisé yo mismo todas las habitaciones del lugar de retiros.
Al final de cuentas me tuve que ir porque llegaron a traerme (gracias a Dios) por lo que ese día ya no supe que pasó, pero días después me contaron que habían encontrado las maletas en una de las habitaciones del centro de retiros.
El punto al que quiero llegar (y que es bastante evidente) es que a pesar que la persona a la que le pregunté si había revisado los cuartos era alguien en quien yo confiaba, el hecho de que las maletas no hayan llegado con sus dueños no fue su error sino el mío, porque era a mí a quien habían pedido que revisara todos los cuartos. Aunque me confirmaran que ya habían revisado, yo tenía que hacerlo, no por desconfiar de la persona que me lo dijo, ni por la nostalgia de irnos, ni por ver si encontraba fichas de 25, ni por tomar una última foto del lugar que con tanto cariño nos acogió, sino porque era mi tarea. A mí me la habían asignado, yo tenía que cumplirla, sin importar otros detalles. Cuando se nos asigne algo para hacer tenemos que cumplirlo, porque será nuestra responsabilidad al final. Como comenté, en esta ocasión la dejé pasar y precisamente esa vez tuvo consecuencias. Gracias a Dios no fueron graves, pero así es la forma de aprender para evitar que luego pasen con cosas más importantes.
Normalmente cuando me piden algo trato de hacerlo lo mejor posible, aun cuando no me guste (que es lo más probable). Hace unos fines de semana fui como servidor a un encuentro (parecido a los retiros) de mi iglesia. Todo fue excelente y fue una gran experiencia ver cómo la gente recibe de Dios y es transformada. Pero no es eso de lo que quiero hablar.
Como parte del servicio que damos siempre tratamos de llevarle el equipaje a su habitación a las personas que asisten al encuentro, de igual forma, cuando termina se las llevamos de regreso al bus, para que no se preocupen de eso y puedan sentirse bien atendidos.
Al final del encuentro cuando ya estábamos listos para irnos uno de los encargados me pidió que revisara si habían maletas en las habitaciones. Yo ya había revisado el cuarto del que me tocaba encargarme y habíamos llevado esas maletas al bus, por lo que no me preocupaba esa habitación. Revisé una de las otras y luego cuando iba a revisar las demás uno de mis compañeros me dijo que ya no habían más maletas en los demás dormitorios. Le pregunté si ya había revisado y me dijo que sí y que ya todos lo cuartos estaban vacíos. Por un momento pensé en ir ir revisar porque me habían dicho que (yo) revisara, pero al final no lo hice porque creí que era suficiente con que él lo hubiera hecho. Tengo que aclarar que normalmente trato de hacer las cosas como me las piden, pero esta vez no fui responsable con lo que me pidieron y es por eso que debo aprenderlo.
Regresamos a la Iglesia y luego del recibimiento a los encuentristas nos dimos cuenta que faltaban maletas. Cuando las bajamos del bus el conductor nos ayudó y nos dijo que ya no habían más, y sólo lo dimos por sentado sin revisar nosotros. Cuando nos dimos cuenta que faltaban tratamos de llamar al conductor del bus pero no contestaba. No teníamos idea de dónde estaban, podían estar en el bus o en el centro de retiros, o en algún lugar exótico. Me sentí culpable porque no revisamos el bus (que fue lo que pensé que había sucedido) y porque no revisé yo mismo todas las habitaciones del lugar de retiros.
Al final de cuentas me tuve que ir porque llegaron a traerme (gracias a Dios) por lo que ese día ya no supe que pasó, pero días después me contaron que habían encontrado las maletas en una de las habitaciones del centro de retiros.
El punto al que quiero llegar (y que es bastante evidente) es que a pesar que la persona a la que le pregunté si había revisado los cuartos era alguien en quien yo confiaba, el hecho de que las maletas no hayan llegado con sus dueños no fue su error sino el mío, porque era a mí a quien habían pedido que revisara todos los cuartos. Aunque me confirmaran que ya habían revisado, yo tenía que hacerlo, no por desconfiar de la persona que me lo dijo, ni por la nostalgia de irnos, ni por ver si encontraba fichas de 25, ni por tomar una última foto del lugar que con tanto cariño nos acogió, sino porque era mi tarea. A mí me la habían asignado, yo tenía que cumplirla, sin importar otros detalles. Cuando se nos asigne algo para hacer tenemos que cumplirlo, porque será nuestra responsabilidad al final. Como comenté, en esta ocasión la dejé pasar y precisamente esa vez tuvo consecuencias. Gracias a Dios no fueron graves, pero así es la forma de aprender para evitar que luego pasen con cosas más importantes.
miércoles, 11 de enero de 2012
Hay una historia de ti que no conoces
Hace unos días estaba platicando con mi papá durante la cena y hablamos de muchas
cosas interesantes. Dentro de la conversación me contó respecto a cómo él le pidió a
Dios que yo naciera y que me entregó a ÉL desde antes de que yo siquiera
hubiera venido al mundo. Fue un momento bastante agradable y en el que
aprendí mucho, como la mayoría de veces que hablo con él. Yo no
tenía idea de que eso hubiera pasado; obviamente no lo recuerdo, ni
siquiera estaba aquí, pero es parte de mi vida y de lo que soy hoy.
Después
de esta plática me di cuenta que nuestros papás saben muchas cosas de nosotros,
incluso algunas (o muchas) que ni siquiera nosotros mismos sabemos. Hay
una historia behind the scenes
acerca de nuestras vidas. Por ejemplo, nuestra vida desde el nacimiento
hasta los tres o cuatro años es desconocida para nosotros. La única
forma de saberla es que alguien más nos la cuente; incluso ver fotos,
videos o algo por el estilo. Bien pudimos haber salido en un anuncio en
el que nos cambiaban el pañal que no lo sabríamos si nadie nos lo
cuenta. Viviríamos felices de la vida sin saberlo, como si nunca hubiera
pasado. Toda la expectación y felicidad que producimos algún día con
nuestra venida al mundo sería desconocida para nosotros si alguien que
la tuvo no nos lo comparte. Así, cada uno tiene una historia detrás de
sí que no conoce, la cual empezó mucho antes de nuestro primer
respiro.
Nuestros
papás saben cuánto nos desearon o le pidieron a Dios por nosotros.
Ellos saben los nombres que habían pensado ponernos o lo que deseaban
que llegarámos a ser cuando creciéramos. En fin, algunas cosas que
nosotros ni siquiera pensamos. De igual manera hay una historia detrás
de nosotros que está escrita desde la fundación del mundo. Cuando
nacimos, Dios ya sabía que lo haríamos, y preparó un espíritu, un alma y
un cuerpo para darnos. ÉL nos formó y nos dio las características que hoy tenemos. Estoy seguro que cuando pensó en tí lo hizo con mucho amor y te
creó con mucho cuidado, sabiendo que serías una pieza única, nunca más
te repetiría. Como suelen decir, Dios quebró el molde después de
hacerte. Así, Dios también sabía qué sería de nosotros y el tipo de vida
que llevaríamos. Seguramente ÉL ya sabía que algunas veces lo
desobedeceríamos y heriríamos, pero aún así decidió crearnos.
La
plática que tuve con mi papá me hizo pensar que lo que estoy viviendo
ahora es producto de lo que Dios hizo mucho tiempo atrás, de un
trasfondo que yo no conozco. ÉL sabe lo que pasó behind the scenes
hace años, y lo que vivo ahora, aunque pudiera parecer (y en efecto muchas veces lo
sea) el producto de lo que yo he decidido hacer, es el cumplimiento de
lo que Dios ya tenía planeado. ¿Qué pasaría si te enteraras que la
oportunidad que acabas de tener en el trabajo, estudios, familia, con
tus amigos, de viaje, con tu pareja, o cualquier otra área, no fue
producto de la casualidad, sino que Dios movió todo lo que era necesario
para que lo tuvieras, cumpliendo la historia que ÉL te quiere dar? Dios
te tiene en su historia, somos los protagonistas de una historia que ÉL está dirigiendo. Incluso hay cosas en el futuro de las que ni siquiera
tenemos idea, que Dios ya sabe y las tiene empacadas para el momento
oportuno. Como escuché una vez, las tiene guardadas en la gaveta para regalárnoslas después sin que lo imaginemos. Qué tal si llegaras a ser gerente de la empresa para la que
trabajas, si vas a graduarte con honores, si vas a salvar la vida de
alguien, si llegarás a ser presidente, si escribirás un bestseller, si
serás un gran empresario, si serás un gran cantante o actor, si pondrás el
nombre de tu país en alto, si conocerás a la persona que estabas
esperando, si sacarás adelante a tu familia o si ayudarás a un amigo a
salir de un problema. Cada uno tiene su propia historia, y la escribimos
todos los días, pero también hay detrás de nosotros una historia, un
tiempo que Dios se tomó para escribir las letras que dibujarían nuestra
vida. Dios te ama y se tomó el tiempo de planearte, de pensarte, de
formarte, y lo hace día a día. ¿Qué pasará mañana u hoy mismo? No lo
sabemos, pero hay Alguien que sí lo sabe, que conoce nuestra historia.
Como en una obra de teatro o un programa de televisión, lo que vemos es
solo el producto de todo un trabajo que se ha hecho fuera de cámaras, y
el director de esta obra es Dios. La pregunta es: ¿vas a dejar que Dios
cumpla el sueño y el propósito que tiene para tí, o tienes tú un mejor
plan escrito para tu vida?
martes, 6 de diciembre de 2011
Contando la película
¿Qué harías si vieras una película que está buenísima o fueras a un parque de diversiones en el que te la pasaste de lo mejor? Lo que hacemos normalmente es contarle a todos, recomendar la película o el lugar y buscar la oportunidad de ir otra vez.
Hay cosas que nos pueden gustar mucho, como cierto tipo de música, una banda o artista en específico, una serie de televisión, la carrera que estás estudiando, tu trabajo, en fin, muchas cosas. Cuando hay algo que nos interesa bastante lo que queremos es buscar alguien que nos escuche para contarle de eso. Quién no se ha topado con alguien que le cuenta cosas de las que uno no tiene idea, pero le gusta tanto que siempre se la pasa hablando de eso. La mayoría somos así. Por ejemplo, últimamente he estado viendo una serie y me ha gustado tanto que casi se la he contado toda a mi hermana.
Este artículo lo escribo precisamente para hablar de algo que me gusta muchísimo y que creo que todos deberíamos probar, algo que no podemos pasar toda la vida sin saber qué es. Se trata de la presencia de Dios. Un día estaba orando y pasando tiempo con Dios y fue un momento de esos que Dios nos sorprende y nos marca; en ese entonces pensaba: ¿Cómo es posible que haya gente que se pierda de esto? Todos deberían vivirlo alguna vez; no puede ser que alguien termine su vida sin saber qué es esto. En verdad estar con Dios es una experiencia que no se compara con nada, es indescriptible; no se puede saber cómo es si no se experimenta en carne propia. Todos deberíamos vivir un momento con Dios en el que Su Espíritu nos llene y que no queramos irnos, sino sólo pasar más tiempo con ÉL. Como pensé una vez, es como probar un pedazo del Cielo.
El pastor Chepe en el congreso Hechos 29 hizo una analogía que me gustó bastante y relacionaba el disfrutar la presencia de Dios con lamer el plato, cuando a uno le gusta y disfruta muchísimo algún postre o comida, y que llega a darle ganas a otras personas.
Así como cuando estamos con alguien con quien nos la pasamos muy bien y no queremos irnos nunca, así es con Dios. Una vez lo conocemos no podemos estar sin ÉL. ÉL es nuestro mejor amigo y nuestro Papá ¡es lo máximo! Muchas personas piensan que pasar tiempo con Dios es aburrido. Estar en su presencia lo que menos tiene es ser aburrido. Talvez alguna vez has orado y crees que no ha pasado nada. Seguro Dios te ha escuchado. Y mientras más le abras el corazón a Jesús verás cómo Dios hace cosas más sobrenaturales en tí y en toda tu vida.
Como comentaba, lamentablemente hay muchas personas que aún no han tenido una experiencia con Dios. Sea porque nadie les ha dicho, no lo saben, o por cualquier otra razón. Lo que sé es que estar con Dios es mucho mejor que cualquier parque de diversiones, que cualquier película, serie, comida o el mejor momento de nuestras vidas. El hecho de hablar con Aquél que nos hizo y que ÉL nos hable a nosotros no tiene comparación. Por eso escribo esto, esta es mi forma de contar mi película con Dios, porque quisiera que cualquiera que lea esto sepa que vivir con Dios vale más que cualquier otra cosa. Dios es sobrenatural y está vivo; y está dispuesto a hablarle a aquellos que estén dispuestos a oírlo. Y estar con Dios no se trata de un solo momento, se trata de toda la vida. ¡Bendiciones!
Hay cosas que nos pueden gustar mucho, como cierto tipo de música, una banda o artista en específico, una serie de televisión, la carrera que estás estudiando, tu trabajo, en fin, muchas cosas. Cuando hay algo que nos interesa bastante lo que queremos es buscar alguien que nos escuche para contarle de eso. Quién no se ha topado con alguien que le cuenta cosas de las que uno no tiene idea, pero le gusta tanto que siempre se la pasa hablando de eso. La mayoría somos así. Por ejemplo, últimamente he estado viendo una serie y me ha gustado tanto que casi se la he contado toda a mi hermana.
Este artículo lo escribo precisamente para hablar de algo que me gusta muchísimo y que creo que todos deberíamos probar, algo que no podemos pasar toda la vida sin saber qué es. Se trata de la presencia de Dios. Un día estaba orando y pasando tiempo con Dios y fue un momento de esos que Dios nos sorprende y nos marca; en ese entonces pensaba: ¿Cómo es posible que haya gente que se pierda de esto? Todos deberían vivirlo alguna vez; no puede ser que alguien termine su vida sin saber qué es esto. En verdad estar con Dios es una experiencia que no se compara con nada, es indescriptible; no se puede saber cómo es si no se experimenta en carne propia. Todos deberíamos vivir un momento con Dios en el que Su Espíritu nos llene y que no queramos irnos, sino sólo pasar más tiempo con ÉL. Como pensé una vez, es como probar un pedazo del Cielo.
El pastor Chepe en el congreso Hechos 29 hizo una analogía que me gustó bastante y relacionaba el disfrutar la presencia de Dios con lamer el plato, cuando a uno le gusta y disfruta muchísimo algún postre o comida, y que llega a darle ganas a otras personas.
Así como cuando estamos con alguien con quien nos la pasamos muy bien y no queremos irnos nunca, así es con Dios. Una vez lo conocemos no podemos estar sin ÉL. ÉL es nuestro mejor amigo y nuestro Papá ¡es lo máximo! Muchas personas piensan que pasar tiempo con Dios es aburrido. Estar en su presencia lo que menos tiene es ser aburrido. Talvez alguna vez has orado y crees que no ha pasado nada. Seguro Dios te ha escuchado. Y mientras más le abras el corazón a Jesús verás cómo Dios hace cosas más sobrenaturales en tí y en toda tu vida.
Como comentaba, lamentablemente hay muchas personas que aún no han tenido una experiencia con Dios. Sea porque nadie les ha dicho, no lo saben, o por cualquier otra razón. Lo que sé es que estar con Dios es mucho mejor que cualquier parque de diversiones, que cualquier película, serie, comida o el mejor momento de nuestras vidas. El hecho de hablar con Aquél que nos hizo y que ÉL nos hable a nosotros no tiene comparación. Por eso escribo esto, esta es mi forma de contar mi película con Dios, porque quisiera que cualquiera que lea esto sepa que vivir con Dios vale más que cualquier otra cosa. Dios es sobrenatural y está vivo; y está dispuesto a hablarle a aquellos que estén dispuestos a oírlo. Y estar con Dios no se trata de un solo momento, se trata de toda la vida. ¡Bendiciones!
martes, 13 de septiembre de 2011
El principio de mejor antes que después
Hace algún tiempo estuve pensando acerca de un tema que a muchos nos cuesta, en mayor o menor medida. Se trata de dejar las cosas para el último momento. En muchas ocasiones preferimos dejar para después los asuntos que no queremos realizar, aplazándolos el mayor tiempo posible. El punto es: ¿a alguien le afecta esto? Seguramente al vecino no, ni a la persona que está a la par tuya, ni a tus papás, hermanos u otra gente. La única persona afectada es la que deja las cosas para el último momento.
De cualquier manera hay que cumplir con nuestras obligaciones, nos guste o no. Lo hagamos ahora o lo hagamos mañana, el momento sucederá. Sea agradable o no, hay que hacerlo.
Ahora bien, seremos nosotros los encargados de decidir si hacerlo cuando tenemos toda la presión encima, y amargarnos todo el tiempo que haya transcurrido previamente debido a la carga pendiente; o bien, podremos optar por el camino fácil y hacer las cosas cuanto antes para tener el tiempo libre y tranquilo después, con la seguridad de que lograremos terminar en tiempo.
Seguramente no es algo sencillo. Claro que para algunos no es mayor problema y para otros será una tarea titánica. Sea cual fuere el caso, saldremos beneficiados si aplicamos el simple principio de mejor antes que después. Últimamente lo he usado bastante, y me siento más tranquilo y mi vida es un poco más ordenada. Es bueno utilizarlo aún en las cosas más pequeñas. Por ejemplo, al regresar a nuestra casa podemos decidir colocar la billetera, bolsa, libros o lo que sea en su lugar de una sola vez, o bien dejarlos por ahí y ordenarlos "después". Al día siguiente nos daremos cuenta de lo reconfornate que será encontrar las cosas en su lugar y solo tomarlas, o buscarlas por todos lados como locos porque no las encontramos cuando cada vez se hace más tarde.
Otro ejemplo es con los trabajos de clase. Está en nosotros decidir si los haremos el domingo en la noche (el momento en que menos queremos hacer tareas), o bien podremos descansar los últimos momentos del fin de semana. También al terminar el trabajo, podemos optar por imprimirlo inmediatamente, o dejarlo para mañana en la mañana cuando puede surgir algún imprevisto con la impresora o cualquier otra cosa que haga de nuestro inicio de día el más tedioso y estresante que podamos imaginar (lo digo por experiencia propia).
Hace unos momentos recordé que había dejado dinero en un pantalón, y preferí ir a guardarlo inmediatamente que correrme el riesgo de que se me olvide y después no tener idea de donde está. Son cosas bastante simples, pero que a la larga nos darán tranquilidad en la vida diaria. Saber que ya cumpliste con lo que tenías que hacer, que ya arreglaste ese asunto pendiente, que podés estar tranquilo(a) porque las cosas están en orden, no tiene precio.
Como bien dice la Biblia: Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida (Proverbios 30:24-25). Esto nos ilustra con un ejemplo tan simple como el de las hormigas, que es mejor preparar las cosas cuando podemos, en el tiempo oportuno, porque habrá un momento en que no será posible o será más complicado. Como las hormigas, prepara las cosas en el verano, y podrás tener un invierno tranquilo.
Que Dios te bendiga!
De cualquier manera hay que cumplir con nuestras obligaciones, nos guste o no. Lo hagamos ahora o lo hagamos mañana, el momento sucederá. Sea agradable o no, hay que hacerlo.
Ahora bien, seremos nosotros los encargados de decidir si hacerlo cuando tenemos toda la presión encima, y amargarnos todo el tiempo que haya transcurrido previamente debido a la carga pendiente; o bien, podremos optar por el camino fácil y hacer las cosas cuanto antes para tener el tiempo libre y tranquilo después, con la seguridad de que lograremos terminar en tiempo.
Seguramente no es algo sencillo. Claro que para algunos no es mayor problema y para otros será una tarea titánica. Sea cual fuere el caso, saldremos beneficiados si aplicamos el simple principio de mejor antes que después. Últimamente lo he usado bastante, y me siento más tranquilo y mi vida es un poco más ordenada. Es bueno utilizarlo aún en las cosas más pequeñas. Por ejemplo, al regresar a nuestra casa podemos decidir colocar la billetera, bolsa, libros o lo que sea en su lugar de una sola vez, o bien dejarlos por ahí y ordenarlos "después". Al día siguiente nos daremos cuenta de lo reconfornate que será encontrar las cosas en su lugar y solo tomarlas, o buscarlas por todos lados como locos porque no las encontramos cuando cada vez se hace más tarde.
Otro ejemplo es con los trabajos de clase. Está en nosotros decidir si los haremos el domingo en la noche (el momento en que menos queremos hacer tareas), o bien podremos descansar los últimos momentos del fin de semana. También al terminar el trabajo, podemos optar por imprimirlo inmediatamente, o dejarlo para mañana en la mañana cuando puede surgir algún imprevisto con la impresora o cualquier otra cosa que haga de nuestro inicio de día el más tedioso y estresante que podamos imaginar (lo digo por experiencia propia).
Hace unos momentos recordé que había dejado dinero en un pantalón, y preferí ir a guardarlo inmediatamente que correrme el riesgo de que se me olvide y después no tener idea de donde está. Son cosas bastante simples, pero que a la larga nos darán tranquilidad en la vida diaria. Saber que ya cumpliste con lo que tenías que hacer, que ya arreglaste ese asunto pendiente, que podés estar tranquilo(a) porque las cosas están en orden, no tiene precio.
Como bien dice la Biblia: Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida (Proverbios 30:24-25). Esto nos ilustra con un ejemplo tan simple como el de las hormigas, que es mejor preparar las cosas cuando podemos, en el tiempo oportuno, porque habrá un momento en que no será posible o será más complicado. Como las hormigas, prepara las cosas en el verano, y podrás tener un invierno tranquilo.
Que Dios te bendiga!
martes, 19 de mayo de 2009
Viviendo con el asesino.
Imaginémonos por un momento cómo sería vivir en una casa solo con otra persona. Al principio talvez no la conocés muy bien; puede ser que hayan cosas que te parezcan raras o que te caigan mal. Luego, con el paso del tiempo esa persona te va cayendo bien, te empieza a agradar, tenés conversaciones con ella, pasas momentos que disfrutás y entonces esas cosas que antes talvez no soportabas, no solo no te caen mal, sino te gustan y hasta vos las terminás haciendo. Luego llega un punto en que aprendés a vivir con esa persona. Te acostumbrás tanto a ella que vivir allí, en la misma casa haciendo las mismas cosas se vuelve de lo más normal, ya es algo de todos los días. Poco a poco, sin darte cuenta, lo que esa persona hace te mete en problemas; hacés cosas que antes jamás hubieras hecho; te das cuenta que incluso tu carácter ha cambiado y ya no sos igual que antes; esa persona no te hace nada bien, incluso se está gastando tu dinero.
Este es un caso hipotético, pero para ilustrar el punto le vamos a poner el peor final. Luego te varios años y de todos los líos en los que paraste metido por dejar vivir a esa persona con vos, esos problemas te llevan a la muerte. El problema ahora es que ya es muy tarde para darte cuenta, y para imaginarte que eso iba a pasar.
¿A que vamos con esto? Muchas veces dejamos vivir a alguien o algo con nosotros. Poco a poco lo vamos dejando entrar y hasta le tenemos su cuarto y le hacemos la cama para que esté cómodo. Ese alguien (o algo) es famoso... se llama pecado. Ese pecado es como una enfermedad. Mientras más tiempo viva dentro de vos, más te carcome por dentro (aunque suene feo). Lo peor de todo es que, como en el ejemplo, te acostumbrás a él. Hasta te la pasás bien pecando, lo disfrutás y llega un punto en que lo malo ya no se vé tan malo. Incluso lo llegamos a ver bueno. Buscamos excusas o justificaciones y a veces hasta nosotros nos las creemos... o intentamos creérnoslas.
El pecado es ese asesino. Te la podés pasar bien con él, podés platicar con él (digamos), bailar con él, cantar con él, jugar con él, comer con él. Puede ser tu mejor cuate (supuestamente), pero al final siempre tiene lo peor guardado para vos. Al final te mata y te clava la daga por la espalda. Nunca te acostumbrés a él. Siempre que estés todavía a tiempo, sacalo de tu casa; y si estás leyendo esto es porque estás vivo y todavía estás a tiempo.
Hace unos meses leí un libro de un autor de ciencia ficción cristiana que se llama Frank Peretti, el libro se llama El Juramento, me lo regaló una persona muy especial. Resumiendo la historia se trata de un pueblo en el que los antepasados habían cometido un pecado muy grande y todos lo ocultaban de las personas que no eran de allí. Ese pecado por ser tan fuerte en elllos y por permanecer oculto, había llegado incluso a materializarse. Se convirtió en un dragón. Eso era parte del juramento y todos lo sabían, pero casi nadie se atrevía a hablar del tema abiertamente. Este dragón era enorme y era muy difícil de ver a simple vista. Había empezado como un animal pequeño, pero había llegado a tener un tamaño descomunal.
Había un momento en la vida de algunas personas del pueblo en que una mancha negra aparecía sobre su corazón. Ese era el primer síntoma de su destino inevitable. Trataban de ocultarlo, pero llegaba un punto en que esa mancha despedía un olor a podredumbre y ellos prácticamente enloquecían; su mente ya no era controlada por ellos mismos. Cada una de las víctimas terminaba controlada por el dragón, quien los llevaba a un lugar donde pudiera devorarlos. Allí terminaba su historia. Y cada una comenzaba con un pecado que cometían.
Ese dragón es el símbolo del pecado. En ese pueblo el pecado llegó a materializarse. Como decía en el libro, cada persona puede tener su propio dragón. Si lo dejamos vivir allí, un día puede llegar a dominarnos. Podemos vivir con él, y puede llegar el momento en que nos devore. No hay que permitir que eso pase. Hay que matarlo, y la forma de hacerlo es con Jesús, quien perdona nuestros pecados y nos da una segunda oportunidad siempre que estemos dispuestos a tomarla.
Hay que darnos cuenta cuando el asesino se quiere pasar a vivir a nuestra casa, y no hay que dejarlo entrar. No dejés que él te mate, matalo vos a él. Como dice la Biblia, hay que hacer morir las obras de la carne. No hay que dejar que, como dijo Jesús, el demonio que se va regrese con otros siete. Sacá al primero y que allí se quede.
Que Dios te bendiga!
Este es un caso hipotético, pero para ilustrar el punto le vamos a poner el peor final. Luego te varios años y de todos los líos en los que paraste metido por dejar vivir a esa persona con vos, esos problemas te llevan a la muerte. El problema ahora es que ya es muy tarde para darte cuenta, y para imaginarte que eso iba a pasar.
¿A que vamos con esto? Muchas veces dejamos vivir a alguien o algo con nosotros. Poco a poco lo vamos dejando entrar y hasta le tenemos su cuarto y le hacemos la cama para que esté cómodo. Ese alguien (o algo) es famoso... se llama pecado. Ese pecado es como una enfermedad. Mientras más tiempo viva dentro de vos, más te carcome por dentro (aunque suene feo). Lo peor de todo es que, como en el ejemplo, te acostumbrás a él. Hasta te la pasás bien pecando, lo disfrutás y llega un punto en que lo malo ya no se vé tan malo. Incluso lo llegamos a ver bueno. Buscamos excusas o justificaciones y a veces hasta nosotros nos las creemos... o intentamos creérnoslas.
El pecado es ese asesino. Te la podés pasar bien con él, podés platicar con él (digamos), bailar con él, cantar con él, jugar con él, comer con él. Puede ser tu mejor cuate (supuestamente), pero al final siempre tiene lo peor guardado para vos. Al final te mata y te clava la daga por la espalda. Nunca te acostumbrés a él. Siempre que estés todavía a tiempo, sacalo de tu casa; y si estás leyendo esto es porque estás vivo y todavía estás a tiempo.
Hace unos meses leí un libro de un autor de ciencia ficción cristiana que se llama Frank Peretti, el libro se llama El Juramento, me lo regaló una persona muy especial. Resumiendo la historia se trata de un pueblo en el que los antepasados habían cometido un pecado muy grande y todos lo ocultaban de las personas que no eran de allí. Ese pecado por ser tan fuerte en elllos y por permanecer oculto, había llegado incluso a materializarse. Se convirtió en un dragón. Eso era parte del juramento y todos lo sabían, pero casi nadie se atrevía a hablar del tema abiertamente. Este dragón era enorme y era muy difícil de ver a simple vista. Había empezado como un animal pequeño, pero había llegado a tener un tamaño descomunal.
Había un momento en la vida de algunas personas del pueblo en que una mancha negra aparecía sobre su corazón. Ese era el primer síntoma de su destino inevitable. Trataban de ocultarlo, pero llegaba un punto en que esa mancha despedía un olor a podredumbre y ellos prácticamente enloquecían; su mente ya no era controlada por ellos mismos. Cada una de las víctimas terminaba controlada por el dragón, quien los llevaba a un lugar donde pudiera devorarlos. Allí terminaba su historia. Y cada una comenzaba con un pecado que cometían.
Ese dragón es el símbolo del pecado. En ese pueblo el pecado llegó a materializarse. Como decía en el libro, cada persona puede tener su propio dragón. Si lo dejamos vivir allí, un día puede llegar a dominarnos. Podemos vivir con él, y puede llegar el momento en que nos devore. No hay que permitir que eso pase. Hay que matarlo, y la forma de hacerlo es con Jesús, quien perdona nuestros pecados y nos da una segunda oportunidad siempre que estemos dispuestos a tomarla.
Hay que darnos cuenta cuando el asesino se quiere pasar a vivir a nuestra casa, y no hay que dejarlo entrar. No dejés que él te mate, matalo vos a él. Como dice la Biblia, hay que hacer morir las obras de la carne. No hay que dejar que, como dijo Jesús, el demonio que se va regrese con otros siete. Sacá al primero y que allí se quede.
Que Dios te bendiga!
jueves, 23 de abril de 2009
¿Como acabamos con la violencia?
Guatemala es un país hermoso, lleno de privilegios dados por Dios; un país con un inmenso potencial y con gente muy valiosa. Pero a pesar de esto vemos que muchas personas sufren por la violencia que está suelta por allí. Es algo realmente triste.
Entonces vale hacernos la pregunta ¿cómo terminamos con esto?
Estoy plenamente convencido que si la situación de nuestro país no es la que deseamos, es únicamente por falta de Dios (no que Dios no esté en Guatemala, sino que más personas necesitan tener a Dios en su corazón y vivir para ÉL). Este fin de semana he tenido el invaluable privilegio de ver cómo cambia la vida de las personas gracias a Él y Su Poderoso Espíritu. Me impresiona realmente ver que una persona que antes robaba y hacía mal a los demás, ahora quiera dedicar su vida a JESÚS y vivir para ÉL. Es un cambio real, provocado por Dios. Esa persona es un delincuente menos y una buena persona más. No sólo se quita un mal en nuestro país, se suma un bien. Habrá ahora alguien más que quiera bendecir a otros y que quiera que Dios haga en sus vidas lo que Dios hizo con él.
De verdad, si queremos un cambio en nuestro país, el único que lo logrará es Dios. Como dije, estoy totalmente convencido de eso. No hay otra solución; la solución se llama Jesús. Muchos creerán que es fanatismo. Yo creo que cambiar uno la vida mala que llevaba por una en la que Dios es el centro de nuestra vida es lo mejor que podemos hacer y lo que Dios quiere. Y no digo "creo" como que es lo que pienso, sino como que tengo la certeza que así es.
Entonces, ¿cómo acabamos con la violencia? Es fácil (al menos en palabras)... sembrando la paz. Algo tan sencillo puede cambiar nuestro país y el mundo. Dios es un Dios de paz. Según la Biblia, Él nos da la paz que sobrepasa todo entendimiento. Cuando alguien recibe a Jesús en su corazón, hay un cambio, se quita lo malo y hay paz en su corazón; se siembra lo bueno. Como también dice la Biblia, no debemos vencer el mal con mal; el mal se vence con el bien. Al hablar y compartir de Dios con las demás personas puede llegar a sembrarse la Palabra de Dios en el corazón de alguien y el Espíritu Santo se pasaría a vivir a ese corazón y sacaría lo malo que pudo haber antes. Hay que "sembrar" a Dios en los corazones, si se puede decir así. Hay que darle de Dios a las demás personas para que todos lo tengamos.
Sembremos la paz en los demás y veremos un cambio. No hay que darle la espalda a la única solución: Jesús. ÉL es la solución. ¿Queremos un país sin violencia? hagamos que más personas tengan a Jesús en su corazón, y la violencia será reemplazada con paz, y con las ganas de hacer el bien por las demás personas.
Que Dios te bendiga!
Entonces vale hacernos la pregunta ¿cómo terminamos con esto?
Estoy plenamente convencido que si la situación de nuestro país no es la que deseamos, es únicamente por falta de Dios (no que Dios no esté en Guatemala, sino que más personas necesitan tener a Dios en su corazón y vivir para ÉL). Este fin de semana he tenido el invaluable privilegio de ver cómo cambia la vida de las personas gracias a Él y Su Poderoso Espíritu. Me impresiona realmente ver que una persona que antes robaba y hacía mal a los demás, ahora quiera dedicar su vida a JESÚS y vivir para ÉL. Es un cambio real, provocado por Dios. Esa persona es un delincuente menos y una buena persona más. No sólo se quita un mal en nuestro país, se suma un bien. Habrá ahora alguien más que quiera bendecir a otros y que quiera que Dios haga en sus vidas lo que Dios hizo con él.
De verdad, si queremos un cambio en nuestro país, el único que lo logrará es Dios. Como dije, estoy totalmente convencido de eso. No hay otra solución; la solución se llama Jesús. Muchos creerán que es fanatismo. Yo creo que cambiar uno la vida mala que llevaba por una en la que Dios es el centro de nuestra vida es lo mejor que podemos hacer y lo que Dios quiere. Y no digo "creo" como que es lo que pienso, sino como que tengo la certeza que así es.
Entonces, ¿cómo acabamos con la violencia? Es fácil (al menos en palabras)... sembrando la paz. Algo tan sencillo puede cambiar nuestro país y el mundo. Dios es un Dios de paz. Según la Biblia, Él nos da la paz que sobrepasa todo entendimiento. Cuando alguien recibe a Jesús en su corazón, hay un cambio, se quita lo malo y hay paz en su corazón; se siembra lo bueno. Como también dice la Biblia, no debemos vencer el mal con mal; el mal se vence con el bien. Al hablar y compartir de Dios con las demás personas puede llegar a sembrarse la Palabra de Dios en el corazón de alguien y el Espíritu Santo se pasaría a vivir a ese corazón y sacaría lo malo que pudo haber antes. Hay que "sembrar" a Dios en los corazones, si se puede decir así. Hay que darle de Dios a las demás personas para que todos lo tengamos.
Sembremos la paz en los demás y veremos un cambio. No hay que darle la espalda a la única solución: Jesús. ÉL es la solución. ¿Queremos un país sin violencia? hagamos que más personas tengan a Jesús en su corazón, y la violencia será reemplazada con paz, y con las ganas de hacer el bien por las demás personas.
Que Dios te bendiga!
domingo, 1 de marzo de 2009
¿Querés saber un secreto?
Hola a todos! Llevo bastante tiempo sin escribir algo en este blog y he querido hacerlo desde hace rato, pero por no encontrar "el mensaje correcto" o algo que haya creído conveniente para publicar, no lo había hecho. Hoy decidí que vale la pena publicar cosas que Dios me ha enseñado aunque no desarrolle un tema larguísimo de ellas o no parezcan super inspiradas, y espero poder seguirlo haciendo.
Hoy iba pensando mientras manejaba en que Dios muchas veces nos puede enseñar secretos, cosas que solo a vos (o talvez a otros pocos) ha enseñado. Y me vino a la mente esta frase: Dios te puede enseñar cosas secretas en un libro público. ¿Porqué un libro público? La Biblia es el libro más vendido de la historia; creo que la mayoría de las personas tiene una, aunque sea de adorno o empolvada en algún lado de la casa. Es un libro que está abierto a muchísimas personas, prácticamente a todas, o al menos a todo el que la quiera. Sin embargo ¿cuántos de nosotros nos tomamos el tiempo para leer ese Libro público?
Hace años quise empezar a leer la Biblia. Pensé que si la Biblia es la Palabra de Dios, o sea lo que Dios dice y quiere para nosotros, el Libro supremo, y que con eso podía conocer a Dios, al verdadero Dios y Creador, sería bueno leerla y saber al menos qué decía. Yo no tenía idea de qué estaba escrito adentro más allá de los diez mandamientos y las conocidas historias que uno siempre lee o le cuentan. Entonces intenté empezarla a leer. Creo que si pasé de la primera página fue bastante. En esa ocasión no lo seguí haciendo.
Pasados algunos años, cuando empecé a ir a una Iglesia con mi papá, yo escuchaba lo que hablaban y lo que leían en la Biblia, y me parecía algo realmente extraordinario, entonces quise conocer de lo que Dios dice, por lo que empecé a leerla con muchas ganas. Leía bastantes capítulos al día y quería conocer más y más. Poco a poco fui conociéndola y dejando que Dios mismo abriera mis ojos poco a poco, enseñándome y corrigiéndome Él mismo con lo que dejó escrito en su Libro.
¿A qué voy con todo esto? La Biblia puede ser el libro más público del mundo, puede tener muchas copias vendidas, yo puedo tener una, dos, o tres, con pasta dura, suave, con dibujos, colores, letra grande, como sea. Pero en realidad, de qué sirve si de esa Biblia, sus páginas nunca han sido abiertas, si hay allí una página con palabras (y muy valiosas) que jamás alguien las ha visto o se ha tomado el tiempo de leerlas; si las páginas están allí pegadas y la Biblia está allí como una cosa más en mi cuarto o entre otros libros. ¿Qué pasaría si hoy la agarrás y leés algo que en realidad te impresiona? Talvez la respuesta que estás esperando, o algo que Dios te hable específicamente a vos y que te abra los ojos y te enseñe el propósito de tu vida. En realidad uno no sabe lo que Dios le puede enseñar el día de hoy. El que busca encuentra, y seguro que si nos tomamos un tiempo para ver, aunque sea por curiosidad, qué tiene Dios que decirnos, nos vamos a topar con cosas impresionantes.
Entonces volviendo a la frase: Dios te puede enseñar cosas secretas en un libro público. Él puede tener esas Palabras allí para todos, pero tiene también cosas preparadas específicamente para vos, como si hubiera un regalo empacado en un papel especial y con una tarjeta que donde dice "Para:" está tu nombre, y luego dice "De: Dios". Realmente Dios habla, y está allí vivo, viéndonos y cuidando de nosotros. Dios busca a los que le buscan. Si podemos tomarnos un tiempo para buscar cosas en internet que aunque no sean malas no nos traen tampoco algo bueno; o para ver un programa de televisión; o para hablar con un amigo... seguramente podemos apartar un poco de tiempo para hablar con Quien quiere ser nuestro mejor amigo.
Y para terminar dejo este pensamiento que una vez alguien muy especial me dijo: ¿Porqué voy a conformarme con que otros me digan "la Biblia dice", mejor lo leo yo.
Pensalo, la Biblia está a nuestro alcance, ¿porqué no la leemos? Que Dios te bendiga!!!
Hoy iba pensando mientras manejaba en que Dios muchas veces nos puede enseñar secretos, cosas que solo a vos (o talvez a otros pocos) ha enseñado. Y me vino a la mente esta frase: Dios te puede enseñar cosas secretas en un libro público. ¿Porqué un libro público? La Biblia es el libro más vendido de la historia; creo que la mayoría de las personas tiene una, aunque sea de adorno o empolvada en algún lado de la casa. Es un libro que está abierto a muchísimas personas, prácticamente a todas, o al menos a todo el que la quiera. Sin embargo ¿cuántos de nosotros nos tomamos el tiempo para leer ese Libro público?
Hace años quise empezar a leer la Biblia. Pensé que si la Biblia es la Palabra de Dios, o sea lo que Dios dice y quiere para nosotros, el Libro supremo, y que con eso podía conocer a Dios, al verdadero Dios y Creador, sería bueno leerla y saber al menos qué decía. Yo no tenía idea de qué estaba escrito adentro más allá de los diez mandamientos y las conocidas historias que uno siempre lee o le cuentan. Entonces intenté empezarla a leer. Creo que si pasé de la primera página fue bastante. En esa ocasión no lo seguí haciendo.
Pasados algunos años, cuando empecé a ir a una Iglesia con mi papá, yo escuchaba lo que hablaban y lo que leían en la Biblia, y me parecía algo realmente extraordinario, entonces quise conocer de lo que Dios dice, por lo que empecé a leerla con muchas ganas. Leía bastantes capítulos al día y quería conocer más y más. Poco a poco fui conociéndola y dejando que Dios mismo abriera mis ojos poco a poco, enseñándome y corrigiéndome Él mismo con lo que dejó escrito en su Libro.
¿A qué voy con todo esto? La Biblia puede ser el libro más público del mundo, puede tener muchas copias vendidas, yo puedo tener una, dos, o tres, con pasta dura, suave, con dibujos, colores, letra grande, como sea. Pero en realidad, de qué sirve si de esa Biblia, sus páginas nunca han sido abiertas, si hay allí una página con palabras (y muy valiosas) que jamás alguien las ha visto o se ha tomado el tiempo de leerlas; si las páginas están allí pegadas y la Biblia está allí como una cosa más en mi cuarto o entre otros libros. ¿Qué pasaría si hoy la agarrás y leés algo que en realidad te impresiona? Talvez la respuesta que estás esperando, o algo que Dios te hable específicamente a vos y que te abra los ojos y te enseñe el propósito de tu vida. En realidad uno no sabe lo que Dios le puede enseñar el día de hoy. El que busca encuentra, y seguro que si nos tomamos un tiempo para ver, aunque sea por curiosidad, qué tiene Dios que decirnos, nos vamos a topar con cosas impresionantes.
Entonces volviendo a la frase: Dios te puede enseñar cosas secretas en un libro público. Él puede tener esas Palabras allí para todos, pero tiene también cosas preparadas específicamente para vos, como si hubiera un regalo empacado en un papel especial y con una tarjeta que donde dice "Para:" está tu nombre, y luego dice "De: Dios". Realmente Dios habla, y está allí vivo, viéndonos y cuidando de nosotros. Dios busca a los que le buscan. Si podemos tomarnos un tiempo para buscar cosas en internet que aunque no sean malas no nos traen tampoco algo bueno; o para ver un programa de televisión; o para hablar con un amigo... seguramente podemos apartar un poco de tiempo para hablar con Quien quiere ser nuestro mejor amigo.
Y para terminar dejo este pensamiento que una vez alguien muy especial me dijo: ¿Porqué voy a conformarme con que otros me digan "la Biblia dice", mejor lo leo yo.
Pensalo, la Biblia está a nuestro alcance, ¿porqué no la leemos? Que Dios te bendiga!!!
domingo, 15 de junio de 2008
Buena predica
Esta es una prédica q encontre en Godtube mientras miraba algunos videos, solo q esta en ingles. La verdad está impactante. Espero q les guste:
jueves, 6 de marzo de 2008
Canciones
Para los que les gusta la musica electrónica, pueden ver este par de canciones que hice. Espero que les gusten. Pueden oirlas en la lista de canciones aqui:
http://www.purevolume.com/breakingchains
Bendiciones!
http://www.purevolume.com/breakingchains
Bendiciones!
lunes, 3 de marzo de 2008
¿Siembra o cosecha?
Hay una frase que creo que todos hemos oído más de alguna vez. Es esa que algunas personas cuando les pasa algo que no les gusta, dicen "¿Qué estaré pagando?". Incluso alguna vez pudiste haberla dicho, aunque sea de broma. Esto nos lleva al principio bíblico que muchos conocemos de la ley de la siembra y la cosecha, que dice "todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gálatas 6:7). Esto es como una ley que Dios ha instituido, como la ley de la gravedad o las leyes matemáticas. Si vemos este versículo desde el principio dice "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Esto nos dice que no tratemos de engañarnos creyendo que nosotros podemos engañar a Dios intentando cosechar algo que no sembramos... o algo así :)
Entonces cuando alguien dice "¿qué estaré pagando?" es porque sabe que algo puede estarle pasando por algo que hizo en el pasado. Algo así me pregunté hace poco, cuando me dije a mí mismo: mí mismo ¿porqué me están haciendo esto si yo no se lo hago a los demás? (o al menos eso intento). Me preguntaba porqué estaba cosechando algo que yo no he sembrado. Entonces obtuve la respuesta y es muy simple (creo que Dios me la dijo pero decir que "Dios dijo" algo que en realidad no dijo es peligroso. Jeremías 23:16-32). Vos podés sembrar muchas cosas en cualquier momento. Podés sembrar hoy una semilla de apoyar a un amigo que te necesita y luego recibir apoyo cuando lo necesités como cosecha de esa semilla. Así también podés sembrar una semilla de chisme acerca de alguien, y después darte cuenta que están hablando mal de vos, porque vas a estar cosechando lo que un día sembraste. Entonces cuando vos ves que algo que no sembraste te está pasando ¿porqué es?. Porque así como vos vas sembrando semillas a cada momento, los demás también. Entonces cuando hablan mal de vos y vos no has hablado mal de los demás, no estás cosechando lo que sembraste, sino que esa persona que habló mal de vos está sembrando algo que después va a cosechar. Entonces no siempre es "¿qué estaré pagando?", sino también "¿qué es lo que el otro está sembrando?". Eso que te pasa talvez no es tu cosecha, sino la siembra de alguien más. Para toda cosecha debe haber primero una semilla que le dio origen. Entonces si parece que estuvieras cosechando algo que no sembraste, no te preocupés, Dios te va a dar tu cosecha, igual que a los que están sembrando en tu vida. Dios te bendiga!
Entonces cuando alguien dice "¿qué estaré pagando?" es porque sabe que algo puede estarle pasando por algo que hizo en el pasado. Algo así me pregunté hace poco, cuando me dije a mí mismo: mí mismo ¿porqué me están haciendo esto si yo no se lo hago a los demás? (o al menos eso intento). Me preguntaba porqué estaba cosechando algo que yo no he sembrado. Entonces obtuve la respuesta y es muy simple (creo que Dios me la dijo pero decir que "Dios dijo" algo que en realidad no dijo es peligroso. Jeremías 23:16-32). Vos podés sembrar muchas cosas en cualquier momento. Podés sembrar hoy una semilla de apoyar a un amigo que te necesita y luego recibir apoyo cuando lo necesités como cosecha de esa semilla. Así también podés sembrar una semilla de chisme acerca de alguien, y después darte cuenta que están hablando mal de vos, porque vas a estar cosechando lo que un día sembraste. Entonces cuando vos ves que algo que no sembraste te está pasando ¿porqué es?. Porque así como vos vas sembrando semillas a cada momento, los demás también. Entonces cuando hablan mal de vos y vos no has hablado mal de los demás, no estás cosechando lo que sembraste, sino que esa persona que habló mal de vos está sembrando algo que después va a cosechar. Entonces no siempre es "¿qué estaré pagando?", sino también "¿qué es lo que el otro está sembrando?". Eso que te pasa talvez no es tu cosecha, sino la siembra de alguien más. Para toda cosecha debe haber primero una semilla que le dio origen. Entonces si parece que estuvieras cosechando algo que no sembraste, no te preocupés, Dios te va a dar tu cosecha, igual que a los que están sembrando en tu vida. Dios te bendiga!
martes, 13 de noviembre de 2007
Para los que no les gusta bañase XD
Aqui les mando un video q hicimos con mi hermana. Espero que les guste!
jueves, 9 de agosto de 2007
¿Sabes por qué murió Herodes?
Hoy estaba leyendo un pasaje que ya no me acordaba que lo había leído. Es donde se describe cómo murió Herodes. Se encuentra en Hechos 12:20-23. Antes su muerte había pasado ese milagro de cuando Pedro fue sacado de la cárcel por un ángel, lo cual deja también una gran enseñanza porque dice en el verso 5 (cap. 12) que la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él, por lo que vemos lo poderosa que es la intercesión. Dios incluso mandó un ángel para sacar a Pedro, y de plano que influyó poderosamente la intercesión de la iglesia. Luego de que Pedro salió fue a la casa de María, la madre de Juan (v. 12) y les contó lo que había pasado. Herodes buscó a Pedro pero no lo encontró y después de esto bajó a Cesarea y se quedó allí, dice la Biblia (v. 19).
Cuando se encontraba en ese lugar estaba enojado contra los de Tiro y Sidón, y como ellos eran abastecidos por él, querían hacer las paces. Entonces un día Herodes para hablarles dio un discurso y de plano se lo echó muy bueno porque todos empezaron a gritar "Voz de dios, y no de hombre!", o sea que estaban diciendo que las palabras de Herodes eran como las de un dios! no sé por qué lo hicieron, talvez era una forma de ganar el favor de él; pero no es eso a lo que quiero llegar. Dice en el verso 23 que al momento llegó un ángel de Dios y le hirió y se murió... ¿pero porqué? allí mismo dice la respuesta: "por cuanto no dio la gloria a Dios"!!!. A mi me parece impresionante lo importante que es darle la gloria a Dios en todo. Herodes se tragó las palabras del pueblo y no dio la gloria a Dios, porque no le pertencía la gloria a Herodes, le pertenecía a Dios. Si él te da la bendición de sobresalir en algo, recordá que no sos vos, es Dios quien te dio la bendición de tenerlo. Si sos bueno en las clases hacé de eso una forma de que otros conozcan de Dios y sepan Quién es tu Padre y el que te ayuda a lograrlo. Aunque seas muy pilas, por ejemplo si sos bueno para el fut, ¿¿quién crees que te hizo pilas para eso?? Dios reparte dones y Él nos ayuda a ganar nuestras batallas, y algo que aprendí que me impactó en la historia de David es que cuando él venció a Goliat, le cortó la cabeza... le cortó la cabeza!!! bueno, no es eso lo que me impresionó, sino que dice en 1 Samuel 17:54 "Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda" ¿Porqué hizo eso? porque el trofeo (la cabeza... así como cuelgan las cabezas de los venados en las paredes) o la gloria (en el caso de Dios) se la llevaba al rey, pero las armas le quedaban a él (David, y en el caso de Dios, a nosotros). Así debe ser en cada batalla que te toque pelear. Vos le das la gloria a Dios, porque no es por tus méritos que la ganás, pero al mismo tiempo Dios te deja nuevas armas que sacaste de esa batalla para que las uses en la siguiente y la ganés.
El punto importante es dar la gloria a Dios en todo; Herodes tuvo una muerte humillante, al morir se lo comieron los gusanos, y fue por no darle la gloria a Dios. La soberbia es algo que a Dios le desagrada, y de plano no queremos ser desagradables a Dios. Así como cuando éramos del mundo y venía ese o esa que nos caía mal y uno decía "ala gran, ahí viene aquel", claro que Dios no dice así de nosotros, pero imaginate cómo sería caerle mal a Dios, y por ser un soberbio. A Dios no le gusta la soberbia, porque eso significa exaltarse a sí mismo, al que nos toca exaltar es a Dios, punto. Si Dios quiere que seas exaltado va a ser Él el que lo haga, no te preocupés por hacerlo vos. De todos modos si querés ser exaltado, humillate, porque dice en Mateo 23:12 "Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Si sos líder o tenés gente a tu cargo, o si querés llegar a serlo, debés aprender esto: una clave importantísima de la autoridad es la humildad. Cuando Dios te pone en un lugar en el que estás sobre otras personas no es para que ellos te sirvan a vos, es para que vos les sirvás a ellos. Eso de plano fue algo que Herodes no entendió; él se encontraba en el puesto más alto del gobierno, pero su visión era que todo el pueblo estaba bajo sus pies, cuando en realidad él estaba bajo los pies de Dios y para servir al pueblo. Le gustó la alabanza, se sintió bien de que lo exaltaran, y la verdad ¿a quién no?, pero nosotros sabemos a Quién es al que hay que darle la gloria, y robársela es un gran, gran, gran error... si no, preguntémosle a Herodes, o a los gusanos que se lo comieron. Y para terminar veamos otra actitud totalmente contraria a la de Herodes.
¿Te acordás de Cornelio? Si no, lee Hechos 10:1-3. Era un hombre piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que hacía muchas limosnas a Dios y le oraba siempre. Era la mera onda el tipo. Y Dios le dio una visión en que apareció un ángel que le dijo que mandara a traer a Pedro. Cuando Pedro llegó sucedió lo siguiente (v. 25) "salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró". ¿A quién adoró? ¡A Pedro!... bueno, pero Pedro pudo pensar: este es un hombre temeroso de Dios que le ora todos los días, de plano sabe lo que está haciendo, entonces que siga. Pero, ¿qué hizo Pedro? (v. 26) "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre". Seguro él sí sabía su posición y a Quién le corresponde la gloria, a pesar de ser el mismísimo apóstol a quien Jesús le dio las llaves del Reino, aquél a quién Dios ya había utilizado para sanar enfermos y resucitar muertos, el que cuando dio su primer discurso se convirtieron 3000 personas. Si alguien tenía humanamente de qué jactarse era Pedro, pero no lo hizo, él daba la gloria a Dios.
El fin del mensaje es que veamos lo importante que es darle la gloria a Dios en todo, y saber reconocer que lo que tenemos nos es dado por él y no viene por nuestras propias fuerzas. Seguro hay montones de versículos que podemos citar en este tema, pero este pasaje me impactó... una muerte humillante por no darle la gloria a Dios... gracias a Dios que todavía estamos vivos. Por eso mismo paró el diablo donde está, por querer tomar el lugar de Dios. Como dice una de mis líderes, la soberbia es como el repelente de mosquitos para Dios, lo aleja, e impide que tengás muchas bendiciones. Como dice su Palabra: el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel (Lucas 16:10). La soberbia puede impedirte recibir lo que Dios quiere darte que está por venir si tenés un corazón soberbio.
Que Dios te bendiga.
Cuando se encontraba en ese lugar estaba enojado contra los de Tiro y Sidón, y como ellos eran abastecidos por él, querían hacer las paces. Entonces un día Herodes para hablarles dio un discurso y de plano se lo echó muy bueno porque todos empezaron a gritar "Voz de dios, y no de hombre!", o sea que estaban diciendo que las palabras de Herodes eran como las de un dios! no sé por qué lo hicieron, talvez era una forma de ganar el favor de él; pero no es eso a lo que quiero llegar. Dice en el verso 23 que al momento llegó un ángel de Dios y le hirió y se murió... ¿pero porqué? allí mismo dice la respuesta: "por cuanto no dio la gloria a Dios"!!!. A mi me parece impresionante lo importante que es darle la gloria a Dios en todo. Herodes se tragó las palabras del pueblo y no dio la gloria a Dios, porque no le pertencía la gloria a Herodes, le pertenecía a Dios. Si él te da la bendición de sobresalir en algo, recordá que no sos vos, es Dios quien te dio la bendición de tenerlo. Si sos bueno en las clases hacé de eso una forma de que otros conozcan de Dios y sepan Quién es tu Padre y el que te ayuda a lograrlo. Aunque seas muy pilas, por ejemplo si sos bueno para el fut, ¿¿quién crees que te hizo pilas para eso?? Dios reparte dones y Él nos ayuda a ganar nuestras batallas, y algo que aprendí que me impactó en la historia de David es que cuando él venció a Goliat, le cortó la cabeza... le cortó la cabeza!!! bueno, no es eso lo que me impresionó, sino que dice en 1 Samuel 17:54 "Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda" ¿Porqué hizo eso? porque el trofeo (la cabeza... así como cuelgan las cabezas de los venados en las paredes) o la gloria (en el caso de Dios) se la llevaba al rey, pero las armas le quedaban a él (David, y en el caso de Dios, a nosotros). Así debe ser en cada batalla que te toque pelear. Vos le das la gloria a Dios, porque no es por tus méritos que la ganás, pero al mismo tiempo Dios te deja nuevas armas que sacaste de esa batalla para que las uses en la siguiente y la ganés.
El punto importante es dar la gloria a Dios en todo; Herodes tuvo una muerte humillante, al morir se lo comieron los gusanos, y fue por no darle la gloria a Dios. La soberbia es algo que a Dios le desagrada, y de plano no queremos ser desagradables a Dios. Así como cuando éramos del mundo y venía ese o esa que nos caía mal y uno decía "ala gran, ahí viene aquel", claro que Dios no dice así de nosotros, pero imaginate cómo sería caerle mal a Dios, y por ser un soberbio. A Dios no le gusta la soberbia, porque eso significa exaltarse a sí mismo, al que nos toca exaltar es a Dios, punto. Si Dios quiere que seas exaltado va a ser Él el que lo haga, no te preocupés por hacerlo vos. De todos modos si querés ser exaltado, humillate, porque dice en Mateo 23:12 "Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Si sos líder o tenés gente a tu cargo, o si querés llegar a serlo, debés aprender esto: una clave importantísima de la autoridad es la humildad. Cuando Dios te pone en un lugar en el que estás sobre otras personas no es para que ellos te sirvan a vos, es para que vos les sirvás a ellos. Eso de plano fue algo que Herodes no entendió; él se encontraba en el puesto más alto del gobierno, pero su visión era que todo el pueblo estaba bajo sus pies, cuando en realidad él estaba bajo los pies de Dios y para servir al pueblo. Le gustó la alabanza, se sintió bien de que lo exaltaran, y la verdad ¿a quién no?, pero nosotros sabemos a Quién es al que hay que darle la gloria, y robársela es un gran, gran, gran error... si no, preguntémosle a Herodes, o a los gusanos que se lo comieron. Y para terminar veamos otra actitud totalmente contraria a la de Herodes.
¿Te acordás de Cornelio? Si no, lee Hechos 10:1-3. Era un hombre piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que hacía muchas limosnas a Dios y le oraba siempre. Era la mera onda el tipo. Y Dios le dio una visión en que apareció un ángel que le dijo que mandara a traer a Pedro. Cuando Pedro llegó sucedió lo siguiente (v. 25) "salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró". ¿A quién adoró? ¡A Pedro!... bueno, pero Pedro pudo pensar: este es un hombre temeroso de Dios que le ora todos los días, de plano sabe lo que está haciendo, entonces que siga. Pero, ¿qué hizo Pedro? (v. 26) "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre". Seguro él sí sabía su posición y a Quién le corresponde la gloria, a pesar de ser el mismísimo apóstol a quien Jesús le dio las llaves del Reino, aquél a quién Dios ya había utilizado para sanar enfermos y resucitar muertos, el que cuando dio su primer discurso se convirtieron 3000 personas. Si alguien tenía humanamente de qué jactarse era Pedro, pero no lo hizo, él daba la gloria a Dios.
El fin del mensaje es que veamos lo importante que es darle la gloria a Dios en todo, y saber reconocer que lo que tenemos nos es dado por él y no viene por nuestras propias fuerzas. Seguro hay montones de versículos que podemos citar en este tema, pero este pasaje me impactó... una muerte humillante por no darle la gloria a Dios... gracias a Dios que todavía estamos vivos. Por eso mismo paró el diablo donde está, por querer tomar el lugar de Dios. Como dice una de mis líderes, la soberbia es como el repelente de mosquitos para Dios, lo aleja, e impide que tengás muchas bendiciones. Como dice su Palabra: el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel (Lucas 16:10). La soberbia puede impedirte recibir lo que Dios quiere darte que está por venir si tenés un corazón soberbio.
Que Dios te bendiga.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Este es mi blog!
Miren!! este es mi blog!! estoy escribiendo en el!!! les gusta??? yo c q si ^ _ ^... lo hice mas q todo para compartir de la Palabra de Dios con todos, y d alguna otra cosa interesante q pase... o talvez no tan interesante X). Y chistes!! seria bueno publicar chistes verdad??? a ver q d bueno puedo poner aqui :D
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